Guía completa
No siempre es el turbo el culpable
Pérdida de potencia, humo o un testigo de motor encendido no significan automáticamente que el turbo esté dañado. Muchos de estos síntomas tienen origen en una fuga del circuito de admisión o en un sensor de presión defectuoso, mucho más económicos de resolver. Se comprueban ambas posibilidades antes de sospechar del turbo.
Cuándo sí es el turbo
Si tras descartar sensor y fugas el problema persiste, se inspecciona el propio turbocompresor: holgura del eje, estado de los álabes y posible consumo de aceite hacia el escape, que es lo que produce el humo azulado característico.
Reparar o sustituir, según lo encontrado
No todo fallo de turbo obliga a cambiarlo entero. Algunos componentes, como el actuador de la geometría variable, se reparan de forma independiente. Cuando el desgaste afecta a los álabes o al eje central, la sustitución completa es la opción más fiable.